Exposiciones


Vértices de la Memoria

Atmósferas de paraíso:  Casi una década pictórica de Rafael Rivera Rosa

por Rubén Alejandro Moreira
(Ensayo que forma parte del catálogo de la Exposición)

CARTEL VERTICES DE LA MEMORIALas gamas intensas de color irradian una felicidad, con un lirismo que responde a un ideal paradisíaco. Y el contemplador se pregunta, dónde está la vegetación, las flores, las cosas y los seres. No, no son necesarias en esta eclosión plástica, pues las evocaciones abiertas se realizan mediante un conocimiento riguroso de la psicología del color. El artista parece sonreír a través de pinturas de una brillantez sostenida, en cimientos intuitivos impulsados por una abstracción tenaz. Rafael Rivera Rosa, nos presenta en el Museo de Arte de Bayamón, una selección de cuadros abstractos de los últimos nueve años de producción pictórica. Son el resultado de una magistral trayectoria de cincuenta años de paciente elaboración en el arte.

Estas pinturas proclaman una afirmación de derecho. Proyectan nuestra expresión al mundo, pues Rivera Rosa ha sido defensor de las luchas tanto estéticas como de justicia, en sus diversas manifestaciones artísticas, y aquí exige su lujo de pureza, desde la fosforescencia de un trópico eufórico y sensual. De hecho, el artista guarda una producción figurativa paralela a la aquí expuesta, realizada en los mismos años. Es que Rivera Rosa no se ata a un solo estilo. Esto puede ser limitante a los mismos trucos y técnicas que tiene el artista, sino que contrario a los señalamientos de Marta Traba sobre sostener un mismo estilo, prefiere circunscribirse a los de un Damián Bayón, quien aboga por la diversidad de mensajes y estrategias, según nos expresara en su taller. Así se ha visto la evolución del artista, quien desde el inicio de su carrera en los sesenta, le otorga un giro personal a los discursos plásticos. No obstante, decide concentrar como fin de esta muestra, su vena abstracta, por reconocer en ella las profundas interrogantes del ser humano, así como indaga en los significados plurivalentes de la pintura, sobre todo, de su historia en los últimos sesenta años.

Debemos hacer aquí filiaciones y deslindes. La admiración del expresionismo abstracto es visible, sobre todo, destacan en la imaginación del puertorriqueño: Willem De Kooning, Clifford Still, Helen Frankenthaler, y poco menos, Jackson Pollock. Pero también su contrapartida informalista francesa: Pierre Soulages y Georges Mathieu. Resulta necesario destacar, que en Puerto Rico se fue formando una tradición abstracta, y que Rivera Rosa forma parte esencial de ella. Hay una progresión histórica que podemos remontar a Olga Albizu, y cuyo puente puede ser eslabonado por Luis Hernández Cruz, Lope Max Díaz y Carmelo Fontánez. Tampoco podemos olvidar, el descubrimiento en los ochenta de una figura como Domingo Izquierdo, tan importante dentro de los líricos del expresionismo abstracto. No estoy lanzando nombres, sino coordenadas intelectuales, muy digeridas por el artista para distanciarse de ellas. Entre los creadores a los que se les reconoce una identidad personalísima por las estrategias y técnicas abordadas es a Rafael Rivera Rosa. El le añade su luz, su ambientación por subidas gamas de color, de plena armonía. Lo que podría ser raro por la frecuente escala tan alta en el tono, sin embargo, hay mucho de dulzura, de elegancia sin condescender nunca a lo manido. Su color, puede recordar al de su maestro de juventud, Domingo García, sin embargo, alejado por décadas de transformación, y claro, aquí Rivera Rosa se desenfada totalmente de la figura. Esto es acompañado por un trazo del pincel muy resuelto, ágil, y a veces, violento. También, volviendo al color, su selección y calibración es muy distinta a los abstraccionistas de mediados de siglo XX, sino que es más cónsona a artistas mundiales de fin de siglo y principios del nuestro, como la alemana, Katharina Grosse; el artista de Curazao, residente en Amsterdam, Avery Preesman; o la británica, Jane Callister. No obstante, Rivera no se circunscribe a una atmósfera vaporosa como la de Grosse, que mucho recuerda la de Rothko, aunque con más policromía; tampoco es tan geológica como la de Callister ni tan monocromática como la de Preesman. El responde a su propio dictamen y ritmo antillano. Su luz, decíamos, es casi la incandescencia de cualquiera de nuestras playas; sus contrastes, los de nuestros bosques, invadidos por una arquitectura que no se consigna directamente en su obra, pero que subyace en ella y se deja sentir. La rotundidad de la mancha, del tono que choca percutivamente en el espacio, se yergue como un cardumen de olas sucesivas o simultáneas, cuya emoción visual avasalla al contemplador.

II- Amarillo solar

Se nos antoja, por el momento, ordenar este trabajo por las imantaciones que tienen ciertos colores -o por los valores tonales- sobre la producción aquí expuesta por el artista. Las variaciones de tono del amarillo, en conjunción con una insistente irradiación total, se dejan sentir en algunas de las piezas de esta muestra. Así lo comprobamos en La huida (2006), Paisaje roto (2007), Descorche (2008), y Tarde de playa (2013).

La Huída pintura de Rafael Rivera Rosa

La Huída / Acrílico sobre Lienzo / 60″ x 66″ / 2006

paisajeroto

Paisaje Roto / Acrílico sobre Lienzo / 58″ x 58″ / 2007

descorche

El Descorche / Acrílico sobre Lienzo / 64.5″ x 64.5″ / 2008

tardedeplaya

Tarde de Playa / Acrílico sobre Lienzo / 54″ x 48″ / 2013

Claridad sobre claridad se nos devela en todas estas pinturas. Aunque la paleta cromática de muchos pintores puertorriqueños y antillanos podría iluminarse bastante en ciertas instancias, aquí Rivera Rosa hace del escándalo de luz, perpetua poesía visual. Está tocando tonalidades sostenidas de amarillos sobre amarillos. Usualmente, en la pintura de muchos artistas, la imposibilidad de visión proviene de la falta de luz. Por el contrario, cierto misticismo apunta con frecuencia a un cegarse por abundancia de iluminación. Nuestro artista, está cerca de ese cegarse, pero lo atempera en una calidez casi epicúrea. El calificativo ético que le estamos otorgando tiene que ver con el hedonismo, pero no es un hedonismo vacuo, sino de celebración vital. No teme derrochar el placer y que el placer se instaure como sol y como paz. Sin la luz, no hay diferencias. Nos sabemos por la luz, y esto nos brinda la tranquilidad y el equilibrio. La huida es, de estas pinturas amarillas, la más contrastante, pues las formas negras parecen agitarse en el fondo radiante. En Paisaje roto el dinamismo se logra por formas o nubarrones convulsos en cálidos amarillos y anaranjados, ensordinados con un recortadísimo azul de fondo y con destellos de verdes y blancos. El uso comedido del chorreado, aquí como en varios de los cuadros de esta muestra, vincula las formas mayores a las menores. Por su parte, Descorche es sugerencia de una sugerencia. Hubiera sido demasiado sencillo evocar la efervescencia del champán con formas burbujeantes. Rivera tomó el camino difícil del color, y de formas mínimas gravitantes en el espacio de un amarillo rotundo, feliz en su destello. Lo que no está lejos de significar, que se brinda en la copa del sol. Ya vemos con toda certeza, que estos cuadros de Rivera Rosa tratan de lo poético en sí mismo. Y de ese lirismo visual que se resiste a declinar, como en Tarde de playa. Cualquier interpretación biográfica no es casualidad. Leves rosas y poquísimo azul dentro del amarillo se yerguen con toda la alegría de quien sigue inspirado, y se ríe de los que se creen que tienen todas las respuestas de la vida. A los setentidós años, la más poderosa enseñanza de Rafael es de naturaleza afectiva. De ahí, su imán al misterio y a lo sorprendente.

III- Contrastes

Figura totémica (2006), Fuego en el barrio (2009), Movimiento telúrico y Elementos de un paisaje, ambas del 2010, Llegando a Belén (2011) y El Barrio Cuba Libre (2012) conforman una estrategia plástica distinta a la anterior, por la valoración de las formas en el plano. Si en las anteriores, la claridad será insistente, aquí el juego se logra por contrastes marcados entre luz y oscuridad.

Figura Totémica / Acrílico sobre Lienzo / 58" x 54" / 2006

Figura Totémica / Acrílico sobre Lienzo / 58″ x 54″ / 2006

Movimiento Telúrico / Acrílico sobre Lienzo / 48" x 48" / 2010

Movimiento Telúrico / Acrílico sobre Lienzo / 48″ x 48″ / 2010

fuegoenelbarrio

Fuego en el Barrio / Acrílico sobre Lienzo / 36″ x 36″ / 2009

Los Elementos de un Paisaje / Acrílico sobre Lienzo / 72” x 145” / 2010

Los Elementos de un Paisaje / Acrílico sobre Lienzo / 72” x 145” / 2010

Llegando a Belén / Acrílico sobre Lienzo / 47” x 53.5” / 2011

Llegando a Belén / Acrílico sobre Lienzo / 47” x 53.5” / 2011

El Barrio Cuba Libre / Acrílico sobre Lienzo / 53” x 46.75” / 2012

El Barrio Cuba Libre / Acrílico sobre Lienzo / 53” x 46.75” / 2012

La pieza más inclinada a la representación es Figura totémica, sin embargo, la fragmentación, así como el delineamiento, esquivan toda inclinación hacia lo netamente figurativo. Si no fuera por el título, podríamos adjudicar otras significaciones muy distintas. Las formas transversales parecen elevarse, y de ahí, lo erguido del tótem. Aunque distantes por fechas de factura, parecen recordatorios de una experiencia semejante, las pinturas Fuego en el barrio y El Barrio Cuba Libre. Hay algo de ironía, quizás, en la segunda. Mientras que el incendio, veraz o simbólico, es matizado por leves azules dentro del contexto de un rojo; en la segunda, podríamos imaginar el resto de un vaso, con pocos indicios de un esbozado contorno. La gama cálida de un rojo más apagado, deja interpenetrar formas provenientes del entorno, pero que ninguna de éstas se configura con certeza. No sabemos totalmente si se trata de un barrio, o de una mesa con un vaso encima. En el contexto caribeño, puede ser un comentario visual un tanto humorístico del artista. A contrapunto, en Movimiento telúrico y en Elementos de un paisaje, Rivera Rosa se vuelca quizás más directamente a la espacialidad del entorno natural, pero el contemplador tiene nuevamente que sintonizar su imaginación con la del artista, utilizando como puente un posible horizonte, más elevado en el primer cuadro, que en el segundo. Reiteramos, no se trata de montañas reales, sino de formas en el plano. Los chorreados no sólo instauran puntos, sino líneas que se extienden nerviosamente… Más llanto que lluvia. De mayor complejidad en sugerencias es Llegando a Belén, pues la sensación de habitáculo se gesta mediante líneas azules interrumpidas bordeando el encuadre. Hay una focalización mediante cierres de formas. Un chisporroteo de luz y color –claros azules, amarillos, blancos y rojos- hacia el centro, permiten evocar la idea de pesebre. Concavidad. Nacimiento. Sin embargo, pura sugerencia.

IV- Der Rosenkavalier

Los contextos culturales sexistas también han ejercido su camisa de fuerza en las asunciones del color. Tradicionalmente, el rosa ha sido desdeñado durante mucho tiempo, soslayándose en la pintura a porciones mínimas y muy secundarias para destacar detalles. En la historia del arte puertorriqueño, el rosa no ha gozado de muchos paladines, que rompan con el estereotipo de una supuesta debilidad del color, generalmente asumida por determinantes machistas, cuya asociación con lo femenino no han permitido hacer justicia ni al uso del color, ni tampoco a la inteligente apreciación de lo femenino. Si se hubiera atendido, quizás, con mayor rigor a los estrictos dictámenes del color, se hubiera comprobado antes, que el rosa, en sus múltiples matices, es un color no sólo de gran versatilidad, sino que además prueba ser fuerte en gran cantidad de ocasiones. Es posible que muchas mujeres se hayan dado cuenta antes que los hombres. En la plástica, la mente abierta de Rafael Rivera Rosa permite corroborar nuestras palabras. Vértices de la memoria (2008), Pintura nostálgica (2011), Mural en la pared (2013) y Un lugar para soñar (2014) permiten ver el uso idiosincrático del rosa, en contextos de una exuberante policromía. A veces hay un mayor uso, en ocasiones, menos, pero el papel preponderante de este color es evidente.

pinturanostalgica

Pintura Nostálgica / Acrílico sobre Lienzo / 53.5″ x 47.75″ / 2011

muralenlapared

Mural en la Pared / Acrílico sobre Lienzo / 66″ x 84″ / 2013

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Un Lugar para Soñar / Acrílico sobre Lienzo / 60″ x 108″ / 2014

La posición de un rosa aguayabado en Vértices de la memoria es fundamental dentro del dinamismo de las formas de este cuadro. Hay un rectángulo conformado por manchas intermitentes de rosa. Una capa de un amarillo intenso, desdibujado en sus bordes por blanquecinos turbios -y por una repetición como de oleaje encima- converge hacia la zona rosa. Hay una especie de base azul flanqueada por un fondo negro debajo. La posición del rosa hacia el centro izquierda de obra, imanta la coloración en esa porción. Es el punto de encuentro de una “L” inversa, macroforma estructurante de esta pintura. Los turquesas apagados ceden un poco en el plano. Los cálidos amarillos, blancos y rosas, avanzan hacia el espectador. Aunque en Pintura nostálgica, la porción de rosa no es tan grande, sin embargo, el dinamismo de formas en choque, le otorga la fortaleza que venimos consignando. Sin embargo, es claro el lirismo a partir del rosa, tanto en Mural en la pared como en Un lugar para soñar. La policromía de ambos es marcada. En Mural en la pared, un magma de tiras rosas flota en gran parte del encuadre. Las tiras parecen realizadas mediante substracción de pigmento, dejando entrever un fondo azuloso. Los amarillos, negros, blancos y rojos gravitan en un fondo más bien líquido. El movimiento se agudiza precisamente por las substracciones que multiplican tachones y líneas aleatorias en porciones de la obra. Intencionalmente más turbulenta es Un lugar para soñar. Este díptico de gran formato consigna una serie de formas geométricas rotas o planos deshaciéndose en el gran plano del lienzo. Las líneas sugieren desdoblamiento sucesivo. Un rosa salmón –ayudado por un azul y un negro al centro- esboza una crucifixión o un pájaro, pero es justamente la imaginación del contemplador la que ha sido catapultada por el artista, según el título de esta pintura. La arquitectura en esta obra es evocada en el lado derecho de la pintura, pues el largo rectángulo vertical podría sugerir una puerta, pero estructuras que la rompen pueden apuntar hacia ventanas. La invitación a mirar, a observar con detenimiento el fluir de las formas constituyéndose y desvaneciéndose, está ahí, como fantasmagoría de objetos ausentes. También, la noción de paisaje, con un horizonte alto, en el cual no sabemos si es natural o urbano. Quizás, una forma piramidal a la izquierda de obra, dé la ilusión de profundidad, sin embargo, ésta claudica inmediatamente con el chorreado enfatizando bidimensionalidad, debajo de la misma. Los negros gravitantes dan la impresión de animales o pájaros merodeando. Pero volvemos a preguntar, ¿hay algo específico? No. Se trata de la poesía visual. Del color suscitando profundidad y libertad, o deliberadamente, circunscribiéndose al plano. Hay una batalla entre las manchas gruesas y la filigrana de las líneas, dibujadas o creadas mediante substracción. Los planos contradictorios multiplicando evocaciones, pero impidiendo una concreción definitiva hacia la representación. Precisamente por esto, instauran un vocabulario riguroso en la abstracción. Cabría preguntarnos, ¿por qué sentimos que hay mucho de perfil psicológico en estas pinturas tan atmosféricas? Volvemos a privilegiar el rosa, como conclusión de este escrito. Rosa es como decir el apellido materno. El rosa es el espejo interno, cuyo retrato se rehace a cada instante, mientras el aire y la luz se den cita en el tálamo a pintarse. El artista, ese poeta visual, todavía tiene la dicha de celebrar las infinitas diferencias de las gradaciones de color. Aquí, lucha el caballero de la rosa, o más bien, el caballero Rosa, quien se zambulle en matices de matices, atmósferas de sueños tras sueños con formas de arrecifes, nubarrones con calor de trópico, trazos con el palpitar trepidante de lo plenario. Ese rosa está en nuestro cielo, aunque pocos lo vean. De ese sesgo inaudito es que se nutre el artista. De ahí viene. Hacia ahí va.

Para la adquisición de obras del maestro Rafael Rivera Rosa, favor de comunicarse con:

ARTIFICE ARTE CONTEMPORÁNEO
José Cristóbal
787-349-9514
Antonio Vázquez
787-691-2109