80grados: Entrevista a Rafael Rivera Rosa por Julieta Muñoz Alvarado

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Rivera Rosa: “En una tela puedo hacer lo que quiera y, además, trasciendo la tela”


Un Lugar para Soñar / Acrílico sobre Lienzo / 60″ x 108″ / 2014

Quiero forjar de ti como arcilla de mi tierra
Senderos iluminados por la luna / Ráfagas de vientos marinos / Ríos de agua brava.
(5 de septiembre de 2009) La Mirada (Colección Bijas, 2013)
–Rafael Rivera Rosa (Comerío, 1942)

“[…] Estoy descubriendo la figuración dentro de la abstracción”
–Rafael Rivera Rosa

Esos “ríos de agua brava”, los “senderos iluminados por la luna”, las “ráfagas de vientos marinos” del poema de epígrafe son parte –lingüística y pictóricamente–, de la forja de Rafael Rivera Rosa, artista comerieño, quien al presente se alegra con la creación de su obra que incluye la abstracción, lo figurativo y lo digital, siempre cerca del grabado que en la década del ‘70 lo posicionó como artista en la mente del espectador de esos tiempos, aunque pintaba desde el ‘60.

rafa #1“Yo en el ‘70 como artista, era pintor ya desde el 60 pero sostenía la práctica del grabado (serigrafía), y la gente me conocía más por el grabado que por la pintura”, recuerda Rivera Rosa y su voz nos trae a la mente la memoria de esos tiempos, donde, sí, es cierto, se le conocía por el grabado: BetancesLos fósforos, etc. y nos parece verlo en la tienda/taller de Don Pepe Coss, en sus creaciones alzadas en las paredes y también con la presencia de su figura y estampa en ese lugar donde unos y otros artistas iban y venían para dejar sus piezas y para conversar con el padre de los tres Coss Pontón. La asociación de su obra con el grabado, agrega, respondió a que “[…] el grabado era política y esa era la salida.”

Platicamos con el artista en el modo de “a lo que salga” Unamuniano, sin pretensiones de abarcar todo, sino con el deseo de que Rafa comunique lo que quiere comunicar, no solamente al lector sino a los estudiantes de arte, desde dos posiciones: desde el ’70 hasta ahora y desde el 2015 hasta el ’70, también sin pretensiones de ser un tratado, ni un ensayo académico, solamente una conversa que muestre algunos de sus enunciados que merecen ser inscritos y algunos comentarios que tal vez conviden al lector a repasar –y profundizar– su obra desde aquellos tiempos del ’70 y sus grabados. Así pues, poco a poco fuimos repasando y anotando algunas cositas que añade, quizás, a lo que ya conoce el lector y espectador de las piezas de Rivera Rosa desde la década del 70. Sus 73 años los lleva “bien llevados” como por ahí se dice; exuda en su hablar, jovialidad seria, sentido del humor prudente, menciones serenas de su praxis artística, que combina con la alegría de enunciados de los jóvenes artistas del momento y del futuro que también engalanan estas horas de conversación con Rafa, en el Café Don Ruiz de Ballajá en el Viejo San Juan un 21 de julio.

La entrevista se produjo al habernos encontrado una tardecita en un restaurante y notar que mientras esperaba la comida (y después de comer) pintó en una de las “telas” (papel) que cubre la mesa; nos encontramos así y verlo y pedirle la entrevista fue casi lo mismo. Vinieron a la memoria los nombres no solamente de Rafael Rivera Rosa sino de Nelson Sambolín, de José Rosa, de Luis Alonso y de tantos otros que desde esa década dan vueltas en el imaginario artístico de este país y de fuera también.

Mural en la Pared / Acrílico sobre Lienzo / 66″ x 84″ / 2013

Esta forja de Rafael Rivera Rosa que sigue activo mostrando al mundo sus creaciones, recientemente hace unos meses en una exposición en la galería Artífice en el Viejo San Juan, expo que vino luego de la del Museo de Arte de Bayamón, –Vértices de la Memoria-, locus en el cual se reconoce y enaltece la labor del artista, con programas especiales que los benefician y asisten en su praxis. Son muchas las exposiciones de Rivera Rosa, y entre ellas las ciudades incluyen, además de San Juan y Bayamón, a Ponce, Mayagüez.

Recuerda que desde el 1984: “Estoy haciendo pintura expresionista abstracta […] decido entrar a una puramente gestual…. Tuve una etapa donde el gesto era todo.” Y en cuanto a su proceso de creación apunta:

“Si tú ejecutas una pintura de la misma manera cada vez que te enfrentas a la tela, eso se convierte en un proceso aburrido, anticreativo. Yo descubrí que era allí donde yo tenía que bregar; después del primer brochazo empezaba a ejecutarla y cada vez que ejecuto una pintura me olvido de la anterior.”

Y al hablar de la estructura añade que hay que “descubrir” y “experimentar” con ella.

Y continúa hablando de su obra, mirando a quizás esos primeros brochazos en la tela la cual trasciende: “ […] al menos saben que son mías, pero que son planteamientos estéticos diferentes; he regresado a mi punto: abstracciones con especie de colores, sugerencias de atmósfera”, y habla de la pieza La silla en la playa que brinda la sensación de estar frente a la playa, al mencionar igualmente El perro y el pájaro azul, “diferente a la otra (La silla…) pero con una fuerza abstracta.”

Con fuerza habla del “estilo” al puntear que “ya el concepto de estilo está derrotado, ya tenemos la libertad”, y apunta a renglón seguido: “La gente no sabe que cuando uno se pone a pintar uno tiene una manera: pintura figurativa pero sale de la abstracción, se descubren personajes al manchar la tela y se termina con una pintura figurativa[…] terminaba haciendo personajes pero no lo sabía.” , y es aquí cuando dice: “Estoy descubriendo la figuración dentro de la abstracción.”, y menciona las piezas del coronel Buendía y de Pilar Ternera.

Conversando de los espectadores de antes y de ahora se acomoda en el sillón y con la claridad de pronunciación de cada una de las letras de las palabras que enuncia nos dice: “El mejor espectador es el que no conoce de arte, no viene con pretensiones, a esa persona la escucho mucho, dicen cosas que nacen de la honestidad, de la inocencia”, y enseguidita añade: “Yo no pinto para los críticos aunque son mis panas”. Recuerda que “tengo 73 años y me levanto a trabajar todos los días”, y menciona un proyecto de una retrospectiva que configura en estos momentos. Y añade” Yo llevo 12 años desarrollando una serie de pinturas figurativas paralelo a la abstracción”.

Rafa junto a Carlos Raquel Rivera, uno de sus maestros.

Relamiendo el recuerdo, trae a su memoria cuando “yo exponía al lado de Tufiño”, y recuerda las exposiciones de los maestros junto a los artistas emergentes lo cual “es importante porque no nos damos en el vacío, nos damos dentro de un espacio que se venía creando por los mismos artistas de la generación anterior; esa es la mejor escuela”, y se incluye dentro del grupo de Rafi Trelles, José Rosa, Luis Alonso. “Yo soy de ese grupo”, acota. Rivera Rosa se siente cerca de los artistas emergentes y para él “es importante estar cerca de ellos”, poco a poco “se van convirtiendo en iguales” y menciona las aperturas que a ellos ofrecen ahora Bayamón, Carolina y Caguas.

Añade, quien desde el 1996 hace trabajo digital y en el 2011 empieza la serie de carteles de homenaje. “Imprimo mis carteles de la computadora” aunque no hea expuesto los carteles de personajes importantes como Albizu, Julia, Edwin (Reyes), Oller, etc. De esta colección le regalará al Museo de la UPR los números 1 y 2 de la edición, y bien Rafa, quizás, enuncia: “[…] pa’cogerme tienen que correr mucho porque yo no me paro.”

En cuanto a su tesón, tanto en la praxis artística como en sus estudios, recuerda hacer en seis años su bachillerato y luego una MFA de Pratt, y cuando regresó comenzó a dar clases en el departamento de Bellas Artes de la UPR, y recuerda el aprovechamiento de esos años de estudio y sus incursiones en la vida académica en la UPR y en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico (EAP), agradeciendo a Margarita Fernández Zavala su proyecto; en la EAP ofreció los cursos de Introducción a la Pintura; Gran Formato, y Pintura Avanzada. Al hablar de la Escuela y cómo la ve hoy día afirma: “La veo con mucha tristeza…allí está la crema, los que son; la UPR es totalmente diferente, hay prioridad en la cuestión académica, en la EAP son artistas”, enunciado proferido con fuerza serena y sin perder la esperanza de que la “tristeza” se convierta, de alguna manera, en gozo. En cuanto a su experiencia en la vida académica, apunta: “Creo mucho en el proceso de crítica, en discutir muchas cosas pero siempre con un propósito positivo; en lo que no funciona pero también en lo que sí funciona”. Y recuerda las críticas una vez a la semana y añade: “los estudiantes quieren escuchar… mi experiencia como profesor me enriqueció, y me fui con lágrimas en los ojos, literalmente con lágrimas en los ojos”  y recalca: “Nunca me he jubilado de mi obra”, remachando que “todos los días, a mis 73 años, me levanto a trabajar”.

Rafael Rivera Rosa se crió en Nueva York y adjudica a la crianza en esa ciudad que “aprendí a defenderme” y su defensa, por así decirlo es su propia obra, y ¿por qué no? También detalles de su vida, y uno de ellos es el hecho de haber criado, ser padre de los dos hijos de su compañera de vida, y menciona a Ricardo Pons, conocido músico y director de Viento de agua; a esos dos hijos se unen la hija que tuvieron ambos (Rafael y Elena de Jesús)  “la más chiquita que ya es una chef,” y “tengo otras dos hijas de un matrimonio anterior, para sumar cinco. “¡Por ahí viene una nieta”!, dice con regocijo el artista.

Paladea la “libertad” que proporciona el arte: “En una tela puedo hacer lo que quiera… y además trasciende la tela”, título de este ejercicio que resume algunos destellos de la conversación con el artista Rafael Rivera Rosa, quien le debe a Edwin Reyes el haber incursionado en la palabra poética de donde se desprende el poema de epígrafe.

Sus maestros fueron Lorenzo Homar, –de quien aprendió la “disciplina”–, Domingo García –de quien aprendí “la locura de la patria”–, y Carlos Raquel Rivera, “con él descubrí lo qué en esencia quiere decir la patria, el valor y el sacrificio”.

Los versos, con los cuales queremos abrir y cerrar este ejercicio, incorporados en el libro La Mirada,  se los dedica a Elena de Jesús, su compañera por 43 años, a quien conoció cuando la misma trabajaba en el Centro de Investigaciones Sociales de la UPR y quien hasta el día de hoy es, como él enuncia: “mi centro”, y como avisa el texto poético “…mi tierra.” Su colega artista Awilda Sterling, al compartir con ella algunos destellos de esta entrevista, recuerda ese inicio de relación pues coincidió con el nacimiento de su primer hijo que hoy tiene 43 años.

Aquí los versos:

Quiero forjar de ti como arcilla de mi tierra

Senderos iluminados por la luna

Ráfagas de vientos marinos

Ríos de agua brava.

A otros niveles, senderos alunados, ráfagas marinas y ríos bravos, todo ello, y más, nos ofrece Rafael Rivera Rosa en su pintura.

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Visita Guiada a Vértices de la Memoria

El pasado sábado 22 de noviembre de 2014 el Maestro Rafael Rivera Rosa ofreció una visita guiada a su exposición Vértices de la Memoria en el Museo de Arte de Bayamón.

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El Discurso Cromático de Rafael Rivera Rosa

El color es crucial en la pintura, pero es muy difícil hablar de él. No hay casi nada que puedas decir como generalización, porque depende de muchos factores: del tamaño, de la modulación. Hay una cierta consistencia que intentas hacer sumando el color y las formas.
— Roy Lichtenstein (1923-1997)

Por Adías Méndez Robles

Rafael Rivera Rosa presenta una selecta muestra de sus obras, realizadas a lo largo de los últimos diez años, en el Museo de Arte de Bayamón. Se trata de una selección bien curada de su propuesta abstracta, testigo de su dominio y maestría con el color y el medio. La exposición, titulada Vértices de la Memoria, está dedicada a Domingo García, y permite una lectura fluida de textos cromáticos que invitan a experimentar diferentes estados emocionales.

El magistral uso del color, de la forma, del tamaño y la modulación, junto al movimiento, le aportan carácter a cada pieza. Cada una actúa, en su carácter individual, provocando una experiencia y una historia personal para el público que la contempla, pero manteniendo un hilo conductor en su estilo, entre una obra y la próxima, así como entre la colectividad del conjunto de espectadores que la contemplan. Con un lenguaje universal, los colores de Rafael Rivera Rosa encienden todo un espectáculo, provocando una amplia diversidad de emociones. Colores fríos, colores cálidos, transparencias, luz y sombra, manchas, chorreados y un espectro infinito de posibilidades propician un dialogo que puede tornarse indescriptible.

8.-Los-elementos-de-un-paisaje-1247-1050x700Muestra de la incuestionable maestría que posee el artista en el color son las dos obras realizadas en 2003, donde los tonos grises producen sensaciones cromáticas como si estuvieran plasmados los más puros azules, amarillos, rojos y verdes. Tanto la obra Otro espacio, otro tiempo como Nos conocimos una tarde gris están cargadas de una fuerza emocional que en su silencio gritan. El artista no ha tenido que recurrir al color para expresar color y es ahí donde está el gran reto de estas dos piezas.

14.-Otro-espacio-otro-tiempo-1139-1024x918Su paleta parece haber roto cómodamente obstáculos, pues soluciona estos con tal fluidez que parecen ya resueltos, como también sucede en el manejo del espacio. No importa si es un cuadrado, como la obra Paisaje roto, de 2007, donde el rojo en transparencias y en una gran mancha interrumpen el plano pictórico para crear balance, armonía y profundidad. En el medallón Al otro lado de la luna, de 2009, diversas líneas explícitas y otras inferidas construyen múltiples espacios y formas, con líneas que viajan por todo el plano pictórico e infieren romper los límites de ese mismo plano, penetrando en espacios imaginarios. En el rectánguloLos elementos de un paisaje [en portada], de 2010, el sutil manejo de los colores cálidos, bordeados por azules y verdes, así como dos manchas negras a cada extremo con sus chorros como lluvia, estructuran el amplio espacio creado por el formato y la imponente presencia de los tonos rojos-anaranjados.

2.-Paisaje-roto-1185Dos piezas que son evidencia del dominio plástico que Rafael Rivera Rosa posee son La huida, de 2006, y Ventana al mar, de 2014. La primera es una explosión de luz con un manejo preciso, manteniendo la limpieza y la sutileza de los tonos amarillos, retados por una imponente mancha negra diagonal que rompe el espacio con una gran fuerza, respetando la autonomía de los amarillos. Ventana al mar ofrece un coctel de azules, tonos que infieren los diferentes estados del mar, con aguas profundas y llanas, del atardecer y el mediodía, así como las aguas oscuras de la noche. Estas dos obras son un directo estímulo a las emociones y a las sensaciones de los espectadores.

La exposición es un deleite para todo amante del arte y una escuela para todos los que practican el oficio. Es, además, un aprendizaje directo de la experiencia de un maestro, de un artista que, con pleno dominio de la academia, utiliza sus conocimiento para construir su propio lenguaje pictórico y sus propias reglas.

Vértices de la memoria, de Rafael Rivera Rosa, estará abierta al público hasta febrero de 2015 en el Museo de Arte de Bayamón (MAB), situado en el Parque de las Ciencias Luis A. Ferre. Para más información, pueden visitar la web del Museo.


Apertura Exposición “Vértices de la Memoria”

IMG_7633IMG_7626Una gran demostración de agradecimiento al maestro Rafael Rivera Rosa y un sólido respaldo al arte puertorriqueño. Estas palabras resumen el éxito de la actividad de inauguración de la exposición “Vértices de la Memoria”, realizada anoche 24 de octubre en el Museo de Arte de Bayamón. El maestro compartió con el público admirador de su trayectoria e hizo un regalo de arte a un joven que se inspiró en un dibujo del artista en uno de los talleres educativos para niños y jóvenes que ofrece el museo.


Vértices de la Memoria

Atmósferas de paraíso:  Casi una década pictórica de Rafael Rivera Rosa

por Rubén Alejandro Moreira
(Ensayo que forma parte del catálogo de la Exposición)

CARTEL VERTICES DE LA MEMORIALas gamas intensas de color irradian una felicidad, con un lirismo que responde a un ideal paradisíaco. Y el contemplador se pregunta, dónde está la vegetación, las flores, las cosas y los seres. No, no son necesarias en esta eclosión plástica, pues las evocaciones abiertas se realizan mediante un conocimiento riguroso de la psicología del color. El artista parece sonreír a través de pinturas de una brillantez sostenida, en cimientos intuitivos impulsados por una abstracción tenaz. Rafael Rivera Rosa, nos presenta en el Museo de Arte de Bayamón, una selección de cuadros abstractos de los últimos nueve años de producción pictórica. Son el resultado de una magistral trayectoria de cincuenta años de paciente elaboración en el arte.

Estas pinturas proclaman una afirmación de derecho. Proyectan nuestra expresión al mundo, pues Rivera Rosa ha sido defensor de las luchas tanto estéticas como de justicia, en sus diversas manifestaciones artísticas, y aquí exige su lujo de pureza, desde la fosforescencia de un trópico eufórico y sensual. De hecho, el artista guarda una producción figurativa paralela a la aquí expuesta, realizada en los mismos años. Es que Rivera Rosa no se ata a un solo estilo. Esto puede ser limitante a los mismos trucos y técnicas que tiene el artista, sino que contrario a los señalamientos de Marta Traba sobre sostener un mismo estilo, prefiere circunscribirse a los de un Damián Bayón, quien aboga por la diversidad de mensajes y estrategias, según nos expresara en su taller. Así se ha visto la evolución del artista, quien desde el inicio de su carrera en los sesenta, le otorga un giro personal a los discursos plásticos. No obstante, decide concentrar como fin de esta muestra, su vena abstracta, por reconocer en ella las profundas interrogantes del ser humano, así como indaga en los significados plurivalentes de la pintura, sobre todo, de su historia en los últimos sesenta años.

Debemos hacer aquí filiaciones y deslindes. La admiración del expresionismo abstracto es visible, sobre todo, destacan en la imaginación del puertorriqueño: Willem De Kooning, Clifford Still, Helen Frankenthaler, y poco menos, Jackson Pollock. Pero también su contrapartida informalista francesa: Pierre Soulages y Georges Mathieu. Resulta necesario destacar, que en Puerto Rico se fue formando una tradición abstracta, y que Rivera Rosa forma parte esencial de ella. Hay una progresión histórica que podemos remontar a Olga Albizu, y cuyo puente puede ser eslabonado por Luis Hernández Cruz, Lope Max Díaz y Carmelo Fontánez. Tampoco podemos olvidar, el descubrimiento en los ochenta de una figura como Domingo Izquierdo, tan importante dentro de los líricos del expresionismo abstracto. No estoy lanzando nombres, sino coordenadas intelectuales, muy digeridas por el artista para distanciarse de ellas. Entre los creadores a los que se les reconoce una identidad personalísima por las estrategias y técnicas abordadas es a Rafael Rivera Rosa. El le añade su luz, su ambientación por subidas gamas de color, de plena armonía. Lo que podría ser raro por la frecuente escala tan alta en el tono, sin embargo, hay mucho de dulzura, de elegancia sin condescender nunca a lo manido. Su color, puede recordar al de su maestro de juventud, Domingo García, sin embargo, alejado por décadas de transformación, y claro, aquí Rivera Rosa se desenfada totalmente de la figura. Esto es acompañado por un trazo del pincel muy resuelto, ágil, y a veces, violento. También, volviendo al color, su selección y calibración es muy distinta a los abstraccionistas de mediados de siglo XX, sino que es más cónsona a artistas mundiales de fin de siglo y principios del nuestro, como la alemana, Katharina Grosse; el artista de Curazao, residente en Amsterdam, Avery Preesman; o la británica, Jane Callister. No obstante, Rivera no se circunscribe a una atmósfera vaporosa como la de Grosse, que mucho recuerda la de Rothko, aunque con más policromía; tampoco es tan geológica como la de Callister ni tan monocromática como la de Preesman. El responde a su propio dictamen y ritmo antillano. Su luz, decíamos, es casi la incandescencia de cualquiera de nuestras playas; sus contrastes, los de nuestros bosques, invadidos por una arquitectura que no se consigna directamente en su obra, pero que subyace en ella y se deja sentir. La rotundidad de la mancha, del tono que choca percutivamente en el espacio, se yergue como un cardumen de olas sucesivas o simultáneas, cuya emoción visual avasalla al contemplador.

II- Amarillo solar

Se nos antoja, por el momento, ordenar este trabajo por las imantaciones que tienen ciertos colores -o por los valores tonales- sobre la producción aquí expuesta por el artista. Las variaciones de tono del amarillo, en conjunción con una insistente irradiación total, se dejan sentir en algunas de las piezas de esta muestra. Así lo comprobamos en La huida (2006), Paisaje roto (2007), Descorche (2008), y Tarde de playa (2013).

La Huída pintura de Rafael Rivera Rosa

La Huída / Acrílico sobre Lienzo / 60″ x 66″ / 2006

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Paisaje Roto / Acrílico sobre Lienzo / 58″ x 58″ / 2007

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El Descorche / Acrílico sobre Lienzo / 64.5″ x 64.5″ / 2008

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Tarde de Playa / Acrílico sobre Lienzo / 54″ x 48″ / 2013

Claridad sobre claridad se nos devela en todas estas pinturas. Aunque la paleta cromática de muchos pintores puertorriqueños y antillanos podría iluminarse bastante en ciertas instancias, aquí Rivera Rosa hace del escándalo de luz, perpetua poesía visual. Está tocando tonalidades sostenidas de amarillos sobre amarillos. Usualmente, en la pintura de muchos artistas, la imposibilidad de visión proviene de la falta de luz. Por el contrario, cierto misticismo apunta con frecuencia a un cegarse por abundancia de iluminación. Nuestro artista, está cerca de ese cegarse, pero lo atempera en una calidez casi epicúrea. El calificativo ético que le estamos otorgando tiene que ver con el hedonismo, pero no es un hedonismo vacuo, sino de celebración vital. No teme derrochar el placer y que el placer se instaure como sol y como paz. Sin la luz, no hay diferencias. Nos sabemos por la luz, y esto nos brinda la tranquilidad y el equilibrio. La huida es, de estas pinturas amarillas, la más contrastante, pues las formas negras parecen agitarse en el fondo radiante. En Paisaje roto el dinamismo se logra por formas o nubarrones convulsos en cálidos amarillos y anaranjados, ensordinados con un recortadísimo azul de fondo y con destellos de verdes y blancos. El uso comedido del chorreado, aquí como en varios de los cuadros de esta muestra, vincula las formas mayores a las menores. Por su parte, Descorche es sugerencia de una sugerencia. Hubiera sido demasiado sencillo evocar la efervescencia del champán con formas burbujeantes. Rivera tomó el camino difícil del color, y de formas mínimas gravitantes en el espacio de un amarillo rotundo, feliz en su destello. Lo que no está lejos de significar, que se brinda en la copa del sol. Ya vemos con toda certeza, que estos cuadros de Rivera Rosa tratan de lo poético en sí mismo. Y de ese lirismo visual que se resiste a declinar, como en Tarde de playa. Cualquier interpretación biográfica no es casualidad. Leves rosas y poquísimo azul dentro del amarillo se yerguen con toda la alegría de quien sigue inspirado, y se ríe de los que se creen que tienen todas las respuestas de la vida. A los setentidós años, la más poderosa enseñanza de Rafael es de naturaleza afectiva. De ahí, su imán al misterio y a lo sorprendente.

III- Contrastes

Figura totémica (2006), Fuego en el barrio (2009), Movimiento telúrico y Elementos de un paisaje, ambas del 2010, Llegando a Belén (2011) y El Barrio Cuba Libre (2012) conforman una estrategia plástica distinta a la anterior, por la valoración de las formas en el plano. Si en las anteriores, la claridad será insistente, aquí el juego se logra por contrastes marcados entre luz y oscuridad.

Figura Totémica / Acrílico sobre Lienzo / 58" x 54" / 2006

Figura Totémica / Acrílico sobre Lienzo / 58″ x 54″ / 2006

Movimiento Telúrico / Acrílico sobre Lienzo / 48" x 48" / 2010

Movimiento Telúrico / Acrílico sobre Lienzo / 48″ x 48″ / 2010

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Fuego en el Barrio / Acrílico sobre Lienzo / 36″ x 36″ / 2009

Los Elementos de un Paisaje / Acrílico sobre Lienzo / 72” x 145” / 2010

Los Elementos de un Paisaje / Acrílico sobre Lienzo / 72” x 145” / 2010

Llegando a Belén / Acrílico sobre Lienzo / 47” x 53.5” / 2011

Llegando a Belén / Acrílico sobre Lienzo / 47” x 53.5” / 2011

El Barrio Cuba Libre / Acrílico sobre Lienzo / 53” x 46.75” / 2012

El Barrio Cuba Libre / Acrílico sobre Lienzo / 53” x 46.75” / 2012

La pieza más inclinada a la representación es Figura totémica, sin embargo, la fragmentación, así como el delineamiento, esquivan toda inclinación hacia lo netamente figurativo. Si no fuera por el título, podríamos adjudicar otras significaciones muy distintas. Las formas transversales parecen elevarse, y de ahí, lo erguido del tótem. Aunque distantes por fechas de factura, parecen recordatorios de una experiencia semejante, las pinturas Fuego en el barrio y El Barrio Cuba Libre. Hay algo de ironía, quizás, en la segunda. Mientras que el incendio, veraz o simbólico, es matizado por leves azules dentro del contexto de un rojo; en la segunda, podríamos imaginar el resto de un vaso, con pocos indicios de un esbozado contorno. La gama cálida de un rojo más apagado, deja interpenetrar formas provenientes del entorno, pero que ninguna de éstas se configura con certeza. No sabemos totalmente si se trata de un barrio, o de una mesa con un vaso encima. En el contexto caribeño, puede ser un comentario visual un tanto humorístico del artista. A contrapunto, en Movimiento telúrico y en Elementos de un paisaje, Rivera Rosa se vuelca quizás más directamente a la espacialidad del entorno natural, pero el contemplador tiene nuevamente que sintonizar su imaginación con la del artista, utilizando como puente un posible horizonte, más elevado en el primer cuadro, que en el segundo. Reiteramos, no se trata de montañas reales, sino de formas en el plano. Los chorreados no sólo instauran puntos, sino líneas que se extienden nerviosamente… Más llanto que lluvia. De mayor complejidad en sugerencias es Llegando a Belén, pues la sensación de habitáculo se gesta mediante líneas azules interrumpidas bordeando el encuadre. Hay una focalización mediante cierres de formas. Un chisporroteo de luz y color –claros azules, amarillos, blancos y rojos- hacia el centro, permiten evocar la idea de pesebre. Concavidad. Nacimiento. Sin embargo, pura sugerencia.

IV- Der Rosenkavalier

Los contextos culturales sexistas también han ejercido su camisa de fuerza en las asunciones del color. Tradicionalmente, el rosa ha sido desdeñado durante mucho tiempo, soslayándose en la pintura a porciones mínimas y muy secundarias para destacar detalles. En la historia del arte puertorriqueño, el rosa no ha gozado de muchos paladines, que rompan con el estereotipo de una supuesta debilidad del color, generalmente asumida por determinantes machistas, cuya asociación con lo femenino no han permitido hacer justicia ni al uso del color, ni tampoco a la inteligente apreciación de lo femenino. Si se hubiera atendido, quizás, con mayor rigor a los estrictos dictámenes del color, se hubiera comprobado antes, que el rosa, en sus múltiples matices, es un color no sólo de gran versatilidad, sino que además prueba ser fuerte en gran cantidad de ocasiones. Es posible que muchas mujeres se hayan dado cuenta antes que los hombres. En la plástica, la mente abierta de Rafael Rivera Rosa permite corroborar nuestras palabras. Vértices de la memoria (2008), Pintura nostálgica (2011), Mural en la pared (2013) y Un lugar para soñar (2014) permiten ver el uso idiosincrático del rosa, en contextos de una exuberante policromía. A veces hay un mayor uso, en ocasiones, menos, pero el papel preponderante de este color es evidente.

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Pintura Nostálgica / Acrílico sobre Lienzo / 53.5″ x 47.75″ / 2011

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Mural en la Pared / Acrílico sobre Lienzo / 66″ x 84″ / 2013

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Un Lugar para Soñar / Acrílico sobre Lienzo / 60″ x 108″ / 2014

La posición de un rosa aguayabado en Vértices de la memoria es fundamental dentro del dinamismo de las formas de este cuadro. Hay un rectángulo conformado por manchas intermitentes de rosa. Una capa de un amarillo intenso, desdibujado en sus bordes por blanquecinos turbios -y por una repetición como de oleaje encima- converge hacia la zona rosa. Hay una especie de base azul flanqueada por un fondo negro debajo. La posición del rosa hacia el centro izquierda de obra, imanta la coloración en esa porción. Es el punto de encuentro de una “L” inversa, macroforma estructurante de esta pintura. Los turquesas apagados ceden un poco en el plano. Los cálidos amarillos, blancos y rosas, avanzan hacia el espectador. Aunque en Pintura nostálgica, la porción de rosa no es tan grande, sin embargo, el dinamismo de formas en choque, le otorga la fortaleza que venimos consignando. Sin embargo, es claro el lirismo a partir del rosa, tanto en Mural en la pared como en Un lugar para soñar. La policromía de ambos es marcada. En Mural en la pared, un magma de tiras rosas flota en gran parte del encuadre. Las tiras parecen realizadas mediante substracción de pigmento, dejando entrever un fondo azuloso. Los amarillos, negros, blancos y rojos gravitan en un fondo más bien líquido. El movimiento se agudiza precisamente por las substracciones que multiplican tachones y líneas aleatorias en porciones de la obra. Intencionalmente más turbulenta es Un lugar para soñar. Este díptico de gran formato consigna una serie de formas geométricas rotas o planos deshaciéndose en el gran plano del lienzo. Las líneas sugieren desdoblamiento sucesivo. Un rosa salmón –ayudado por un azul y un negro al centro- esboza una crucifixión o un pájaro, pero es justamente la imaginación del contemplador la que ha sido catapultada por el artista, según el título de esta pintura. La arquitectura en esta obra es evocada en el lado derecho de la pintura, pues el largo rectángulo vertical podría sugerir una puerta, pero estructuras que la rompen pueden apuntar hacia ventanas. La invitación a mirar, a observar con detenimiento el fluir de las formas constituyéndose y desvaneciéndose, está ahí, como fantasmagoría de objetos ausentes. También, la noción de paisaje, con un horizonte alto, en el cual no sabemos si es natural o urbano. Quizás, una forma piramidal a la izquierda de obra, dé la ilusión de profundidad, sin embargo, ésta claudica inmediatamente con el chorreado enfatizando bidimensionalidad, debajo de la misma. Los negros gravitantes dan la impresión de animales o pájaros merodeando. Pero volvemos a preguntar, ¿hay algo específico? No. Se trata de la poesía visual. Del color suscitando profundidad y libertad, o deliberadamente, circunscribiéndose al plano. Hay una batalla entre las manchas gruesas y la filigrana de las líneas, dibujadas o creadas mediante substracción. Los planos contradictorios multiplicando evocaciones, pero impidiendo una concreción definitiva hacia la representación. Precisamente por esto, instauran un vocabulario riguroso en la abstracción. Cabría preguntarnos, ¿por qué sentimos que hay mucho de perfil psicológico en estas pinturas tan atmosféricas? Volvemos a privilegiar el rosa, como conclusión de este escrito. Rosa es como decir el apellido materno. El rosa es el espejo interno, cuyo retrato se rehace a cada instante, mientras el aire y la luz se den cita en el tálamo a pintarse. El artista, ese poeta visual, todavía tiene la dicha de celebrar las infinitas diferencias de las gradaciones de color. Aquí, lucha el caballero de la rosa, o más bien, el caballero Rosa, quien se zambulle en matices de matices, atmósferas de sueños tras sueños con formas de arrecifes, nubarrones con calor de trópico, trazos con el palpitar trepidante de lo plenario. Ese rosa está en nuestro cielo, aunque pocos lo vean. De ese sesgo inaudito es que se nutre el artista. De ahí viene. Hacia ahí va.

Para la adquisición de obras del maestro Rafael Rivera Rosa, favor de comunicarse con:

ARTIFICE ARTE CONTEMPORÁNEO
José Cristóbal
787-349-9514
Antonio Vázquez
787-691-2109